Las enfermedades ambientales son desconocidas para la
mayoría de la población. Los
testimonios de
las personas afectadas se convierten en un instrumento
valiosísimo
de divulgación, sensibilización y
comprensión de la enfermedad.
Testimonio
de Alicia Mayo:
¿Cómo
se puede vivir siendo electrosensible?
Con
gran dificultad, aunque supongo que todo
depende del grado de sensibilidad que uno tenga, pues en muchos casos
tomar
ciertas precauciones podría evitar un empeoramiento.
Hace unos años empecé
paulatinamente a notar
una sensación que comenzaba en la frente y terminaba en la
nuca unas dos horas
después (siempre al utilizar el teléfono
móvil). Simplemente frecuenté las
cabinas más que antes.
Pero hace cinco años alquilé
un piso y sólo
aguanté allí dos noches. Sentía una
gran quemazón y fuerte hormigueo en el
cuero cabelludo y despertaba en medio de la noche con
náuseas. Fuera estaba
bien así que me fui. Lo único diferente de los
otros pisos en los que había
estado era una antena de telefonía móvil a unos 300 m
(a la misma altura) y
otra por otro lado un poco más cerca y un poco
más alta. Luego sentía quemazón
cuando pasaba por debajo de cables de alta tensión,
náuseas delante del
ordenador... Un año después dejé de
tener problemas. Ya no notaba nada.
Dos años después
cambié de lugar de trabajo.
Los síntomas que llegué a tener a los dos meses
fueron: cansancio (sin motivo),
quemazón en el cuero cabelludo, dolor de cabeza moderado,
hormigueo en la
cabeza y en la cara, acúfenos (dolores de oídos),
pequeñas náuseas, falta de
concentración, dolores oculares, dolores musculares,
"calambres" en
la dentadura, sensaciones similares a un resfriado (pero que no se
tiene)...
Todo esto empezó de forma gradual, sin notar nada durante
los primeros días
pero después aumentaban los síntomas progresiva y
rápidamente.
Conseguí que me cambiasen de lugar de
trabajo
(en las cercanías había antenas de
telefonía móvil, transformadores, alta
tensión) pero aunque pude estar más tiempo me
volví a sensibilizar (con el
Wi-Fi). Lo que me hace daño es: Móviles
(evidentemente no uso pero "disfruto"
de los de los demás), inalámbricos DECT o similar
(si hay uno en el piso de
arriba, abajo o al lado ya no puedo estar mucho rato), Wi-Fi, antenas
de
telefonía móvil, ADSL inalámbricos...
También
ahora me afecta la electricidad (estufas, ventiladores, fluorescentes,
bombillas de bajo consumo, el uso de teléfonos fijos,
ordenadores,
congeladores, televisores...), con síntomas similares aunque
me produce más
dolor en los huesos (semejante al reúma, también
tengo varios puntos de
fibromialgia), pero a mí en particular me resulta
más tolerable que las ondas
microondas. Soy electrosensible pero sobre todo tengo el
“síndrome de
microondas”. Si me alejo de inalámbricos, lugares
con Wi-Fi, gente utilizando
el móvil (harto difícil) y desconecto la
electricidad estoy asintomática
(aislada y sin utilizar coche, tren, autobús, ni mucho menos
aeropuertos).
Todos los que esta
enfermedad tenemos sufrimos la falta de reconocimiento oficial, pero
también
del entendimiento y ayuda de algunos familiares y amigos pero
aún así seguimos
luchando por sobrevivir.
Cuando me ve alguien, parece que estoy bien y
viviendo como el resto de la gente pero lo que no puede imaginar es que
para
poder caminar un rato por la calle en la ciudad (el nivel de microondas
es
mayor del que yo tolero), ir al cine alguna vez o estar con otras
personas,
luego tengo que estar sentada en una silla en el pasillo durante horas
con la
electricidad desconectada (el único lugar en ciudad ahora
mismo donde no
empeoro hasta que algún vecino ponga algún
inalámbrico DECT o un ADSL
inalámbrico que también afecte a este pasillo).
Sin embargo casi nadie me ve
ahí o cuando durante semanas me aíslo en una
aldea sin cobertura y quitando la
electricidad. Al estar en otros lugares un rato me estoy
sobreexponiendo y
teniendo síntomas que los demás no pueden
apreciar.
Apagar los aparatos eléctricos (no con
el mando), no tener inalámbricos DECT o similar
(emiten de
forma parecida a una
antena de telefonía móvil pero dentro de casa),
utilizar el teléfono móvil con
menor frecuencia, son cosas que todo el mundo puede hacer y pueden
resultarles
beneficiosas.
Todo
empezó en el año 2000 con fatiga, subidas de
tensión y la cabeza se me calentaba de vez en cuando,
así
estuve hasta el año 2004.
En el 2004 empecé ha asistir a consultas de
oftalmología
en el hospital, debido a que veo destellos de luces de vez en cuando
con el ojo izquierdo (como si fuera un flash de luz), me diagnosticaron
uveítis (inflamación en el glóbulo
ocular), sin
saber de donde provenía ni quien me estaba causando la
inflamación, la cosa se complicó cuando se
disparó
la tensión ocular, debido a las gotas para tratar la
uveítis, me operaron de urgencias de glaucoma dos
veces
sin tener dicha enfermedad, luego mas tarde de cataratas debido a tanto
corticoide en gotas, después cada vez que asistía
a
consultas se me disparaba la tensión ocular y al principio
se
creía que tenía un problema
atmosférico porque
sólo me pasaba en sitios cerrados y con más
personas como
las consultas en el hospital, supermercados, autobuses,
cafeterías... etc.
Tuve que ir al internista porque mi oftalmólogo pensaba que
yo
tenía algo que a él se le escapaba, tras
muchos
análisis de sangre y pruebas de todo
tipo, se
descubrió actividad celebrar donde nadie la tiene,
diagnóstico; no hay estudios sobre dicha
anomalía.
13-6-2006 empieza el oído izquierdo a darme dolores.
21-2-2007 me hacen una resonancia magnética zona del
oído, lado izquierdo, en dicha máquina y durante
la
prueba empezó a arderme la cabeza por dentro, el pecho
empezaba
a darme pequeñas punzadas junto con una fuerte
presión en el pecho y aumento en los latidos del
corazón
y malestar general, pero por suerte cuando ya no
podía
aguantar mas, acabó la prueba, estuve una semana
con
malestar en la cabeza junto con un ataque de uveítis en ojo
izquierdo , esta prueba creo, que fue la que despertó todo
lo
que me esta ocurriendo (síndrome de microondas). Sobre esta
fecha se creía que tenía un problema
atmosférico,
mi oftalmólogo ya no sabía que hacerme,
pues
empeoraba cuando estaba rodeado de personas en salas de esperas,
autobuses, supermercados, reuniones públicas
....etc.
En esa época yo le comento al
oftalmólogo que
son los teléfonos móviles los que me
están
causando todo este daño
corporal.
14-4-2008 me manda una Posturagrafía
dinámica hecha
en un centro audiológico que dio un resultado
normal (el
oído me seguía dando problemas).
Y es que perdía la orientación e iba haciendo
zig-zag
cuando caminaba, pero claro sólo cuando estoy expuesto a la
onda
electromagnética ó móviles cercanos,
si no es
así, me siento bien.
16-4-2008 me manda un TAC de
oídos. Meses
más tarde me intervinieron para ponerme en el
oído
izquierdo un tubo de aireación que ha motivado una
pequeña mejoría pero continuo con molestias en el
oído izquierdo y fui intervenido para ampliarme la
“
Ventilación “ en las fosas nasales Seno
Paranasales y por
fin empezaron a remitir las molestias del
oído
izquierdo. La mejoría duro 9 meses y ahora tengo una
inflamación que parece crónica en el martillo del
oído izquierdo.
En la actualidad intento lo menos posible ir al hospital,
debido
a que nadie obliga a las personas que entran en dicho centro, a apagar
los teléfonos móviles, incluidos los
médicos. A mi
oftalmólogo cuando yo entraba en consulta le
pedía por
favor, que lo apagase.
Decir también que la frecuencia de radio utilizada por el
hospital cuya antena tienen en la azotea del edificio, cuando
me
acerco al hospital, va aumentando la visión
borrosa en
ambos ojos.
En definitiva apenas salgo de casa, lo indispensable, no puedo entrar
en las tiendas a comprar, ni en cines, ni en autobús, taxis
debido a los móviles y al GPS del vehículo,
trenes,
aeropuertos, mítines o aglomeraciones de
personas, todos
llevan móviles. Por supuesto los teléfonos
móviles
y fijos inalámbricos, en mi
casa, terminantemente
prohibidos.
Detecto los móviles desde bastante lejos depende de
cómo
halla dormido, la hipersensibilidad a la radiofrecuencia llega a un
punto el cual yo voy conduciendo mi coche y detecto los controles de la
guardia civil antes de verles entre 600 y 700 metros.
En mi cabeza algo me dice que hay una distorsión de ondas
que suele ser las emisora de radio que usan.
No puedo estar más de una hora en una zona abierta con mucha
gente me dan unas punzadas bastantes fuertes en el lado izquierdo de la
cabeza entre el oído y ojo y un dolor punzante en el pecho,
se
me alterar el ritmo cardiaco.
La internista que me vio me diagnosticó una
posible parada
celebral, por la inflamación que tengo en la parte izquierda
del
cerebro, pues las punzadas que me dan en la cabeza hacen reducir el
flujo sanguíneo provocándome pérdida
de memoria ,
dificultad para formar frases hablar y expresarme ...etc.
Decir que en el hospital me han puesto en lista de espera para unas
supuestas consultas que van a abrir de medicina
Biomédica
según la Junta de Andalucía y que se
cree que es
lo único que me puede ayudar.
Así que resulta, que según las pruebas
médicas yo estoy súper sano, pero yo no me
encuentro bien
y cada vez tengo menos visión.
Alrededor
del año 2002-2003 empecé a tener diversos
problemas de salud... ciática, dolor de cabeza, cansancio
crónico, arritmias, insomnio, irritabilidad... que yo
achaqué a cualquier motivo menos a la electrosensibilidad. A
finales de 2006 la cosa se complicó y me salió
una erupción en todo el cuerpo; eran ronchas rojas de forma
ovalada, se hinchaban y picaban muchísimo. Eran
intermitentes, a veces salían durante unos minutos y en
ocasiones duraban hasta media hora. Era constante, día y
noche.
Esto duró 7 meses; puesto que yo no utilizo la medicina
alopática o química, lo fuí paliando
(o eso creía yo) con la alimentación,
complementos de vitaminas y minerales, hidroterapia y cualquier cosa
que yo creyese que podía ayudarme.
Durante esos meses, me dí cuenta de que cada vez que
salía de Barcelona, ya fuese unas horas o un fin de semana,
la erupción y el dolor de cabeza desaparecían...
hasta que volvía a Barcelona y nada más entrar
por la meridiana volvían a aparecer. Ahí me di
cuenta de que mi problema era la contaminación
electromagnética... de la que había
oído hablar a los geobiólogos. Además
también descubrí que al otro lado de mi
habitación, en la finca de al lado, había un
dentista y la máquina de rayos-x la tenía a
escasos 2 m de mi cama.
Decidí huir de Barcelona y en pocos meses lo
organicé todo para irme a vivir a un pueblito de Girona.
Llegué el 17 de julio de 2007 y el 4 de agosto,
desaparecieron por completo todos los síntomas,
después de solo 18 días sin
contaminación!! ...y hasta hoy, casi 3 años
después.
Actualmente cuando voy a Barcelona, sufro levemente algunos de los
síntomas al cabo de varias horas de estar ahí y
aunque la erupción no llega a salir, sí que noto
pequeños pinchazos en la piel -como pequeñas
descargas eléctricas- así como nariz tapada,
cansancio y rigidez muscular.
Entiendo que no todo el mundo puede hacer
eso tan fácilmente -bueno, tampoco fué tan
fácil... me trasladé con 3 niños, 1
perro, 1 gato y cerré mi tienda en Barcelona- por ello es
importante proteger la casa de estas radiaciones tan nocivas, mientras
no podamos apartarnos de ellas, que sería lo ideal. Si yo lo
he podido hacer con mis circunstancias, cualquiera puede. Al fin y al
cabo mi salud no tiene precio... ¿y la tuya?
“Me
haría mucha
ilusión poder salir simplemente para tomarme un
café”
Sonia Hernandez sufre electrosensibilidad y
sensibilidad química múltiple, dos enfermedades
que le impiden desarrollar su vida con normalidad ya que
está condenada a vivir aislada.
¿Se imaginan no salir en un año y medio de casa y
que ni si quiera estar encerrados en su cuarto les sirva para sentirse
mejor? ¿Que la cabeza les vaya a estallar, que su piel se
queme como si estuvieran junto a una hoguera o no parar de vomitar, por
el simple hecho de dormir cerca del ascensor? Estos son algunos de los
síntomas que una persona con electrosensibilidad y
sensibilidad química múltiple sufre a diario.
Para conocer la historia de la protagonista de este reportaje acudimos
a su casa sin ningún tipo de aparato que llevara pilas o
baterías, por lo que la fotografía que se puede
ver en esta página se realizó hace cuatro
años y fue cedida por la familia, ya que hacerle una
supondría un empeoramiento de todos los dolores que padece
esta joven melillense.
“Me haría mucha ilusión poder tomarme
un café en una cafetería”,
afirmó Sonia Hernández. Esta chica de 36
años que entrevistamos en el balcón acristalado
de su casa y que tuvo que cerrar con urgencia cuando una ambulancia
pasaba bajo la ventana debido al ruido que produjo. “Me
conformaría con salir un poco cada
día”, aseguró con una sonrisa sincera.
Su madre María del Carmen y su padre José se
sienten muy orgullosos de ella, ya que a pesar de las
situación en la que viven, “siempre ofrece su
mejor sonrisa” y “nunca se queja de
nada”.
Origen de la enfermedad
Sonia siempre fue sensible al contacto con los productos
químicos, como la lejía, el detergente e incluso
el suavizante que después de lavar la ropa se queda
impregnado en ella. Tampoco podía ponerse ninguna joya de
oro ni de otro metal porque su piel reaccionaba al simple contacto con
estos elementos, ni utilizar maquillaje o tinte para el pelo. A pesar
de ello, Sonia llevó una vida más o menos normal
y trabajaba en una tienda de deporte de dependienta como cualquier
joven melillense.
Hace unos tres años se mudó a una nueva casa con
sus padres, un precioso piso cerca del estadio Álvarez
Claro, amplio y con mucha luminosidad. Pero lo que debería
haber sido una mejora en la calidad de vida de esta chica a acabado
siendo un calvario para toda la familia.
Cerca de la casa hay un generador, una de las posibles causas de que la
sensibilidad del cuerpo de Sonia haya aumentado hasta
límites que no podemos imaginar.
Todo comenzó con vómitos, diarreas, dolores de
cabeza y sensación de quemazón, pero
¿por qué su cuerpo reaccionaba de esta manera?
Sonia observó que cuando se sentaba frente a la
televisión sentía como si se estuviera quemando
por todo el cuerpo. También sentía lo mismo al
estar junto a una luz, al pasar bajo las farolas o al arrimarse a la
cocina, donde siempre hay un gran número de
electrodomésticos encendidos.
Así, su cuerpo
empezó a reaccionar cada vez de forma más
violenta frente a las exposiciones ante los aparatos
eléctricos, entre los que se incluyen los relojes de pilas,
un teléfono móvil o una videoconsola
portátil.
Diagnóstico
Que son imaginaciones suyas o que está loca son algunas de
las frases que ha tenido que escuchar Sonia de varios profesionales
sanitarios que tras probar con medicamentos, psicólogos y
psiquiatras no daban con una explicación a lo que le estaba
sucediendo.
Estos momentos fueron muy duros para ella, ya que nadie
comprendía lo que le pasaba e incluso se llegó a
plantear si realmente estaba loca.Muchos días se ha sentido
sola y no ha encontrado el apoyo de nadie a excepción de sus
padres, ya que muchos de sus amigos han dejado de visitarla. Por
fortuna ahora cuenta con el apoyo de alguno de sus vecinos que
están ofreciendo toda su ayuda a la familia.
Las visitas a
los médicos se hacían interminables, hasta que la
dermatóloga y experta en enfermedades raras,
Concepción Rodríguez Paez, detectó que
Sonia tenía sensibilidad química
múltiple y que había derivado en otra enfermedad
poco común, la electrosensibilidad.
Tratamiento
La única posibilidad de que Sonia deje de sufrir es vivir
alejada de todo tipo de electricidad y de los productos
químicos, es decir, estar en un campo aislada y comer
sólo lo que pueda producir de la forma más
natural posible.
Actualmente, en la casa vive con sus padres y sin ningún
tipo de aparato eléctrico. Nunca se encienden las luces, se
pone una radio o se enciende el calentador, ya que el gas tiene efectos
inmediatos de rechazo para ella.
Sonia duerme en un colchón especial sobre arena y tiene un
recipiente con más arena para meter los pies y
así eliminar la electricidad estática que genera
nuestro propio cuerpo. Tampoco puede encender velas porque no soporta
su olor o dar una abrazo a su madre porque también sufre
dolores.
Leer e ir a la playa
¿Cómo es su vida? Sonia se ducha con agua
fría, sólo come cosas naturales y cuando se
encuentra bien pasa la mayor parte del tiempo leyendo libros y haciendo
sudokus. Aunque también tiene que tener cuidado con estas
actividades, ya que el papel debe ser lo más blanco posible
para evitar alergias.
También intenta ir a la playa para estar en contacto con la
arena y con el agua del mar que alivian sus dolores durante unas horas.
No obstante, al ir en coche es un mal trago, ya que suele ir vomitando
todo el camino hasta que llega a la orilla, y está alejada
de los vehículos, de sus motores y de sus humos.
Así, son estos momentos cuando su madre aprovecha y pone la
lavadora. Además, no puede ir al hospital y cada vez que se
encuentra peor o necesita hacerse pruebas, los enfermeros o
médicos tienen que ir hasta su casa.
La familia necesita más comprensión y apoyo
económico. Hoy en día reciben la comida de
Servicios Sociales, ya que esta casa no se puede cocinar o tener
refrigerado ningún tipo de alimento. Pero a Sonia
sólo le han reconocido un 42% de minusvalía, algo
totalmente incomprensible cuando depende por completo de sus padres
para cualquier cosa y nunca podrá trabajar, ya que ni si
quiera en su habitación está a salvo de sufrir
dolor.
La familia a vuelto a solicitar una revisión del expediente
y esperan que en algún momento un juez sea capaz de
reconocer la dependencia de Sonia, que ni si quiera puede acogerse a la
Ley de Dependencia porque puede moverse por sí misma.
Por otro lado, tener una tarjeta de minusválidos les
favorecería a la hora de aparcar lo más cerca de
la playa. Tanto ella como sus padres sólo esperan un poco de
comprensión por parte de sus vecinos y amigos.
Tras meses padeciendo un
extraño malestar físico generalizado
que llegó a invalidarla
hasta el punto de no poder
vestirse o comer sola, y después
de visitar numerosos
médicos estadounidenses —
donde reside—, la profesora
de antropología en la Universidad
de Oregón, Fina Carpena
llegó sola a la conclusión que
su enfermedad estaba provocada
por la exposición a los
campos electromagnéticos.
Ansiedad, irritación, falta de
fuerza, cansancio y dolor en
las muñecas fueron algunos
de los síntomas que comenzó
a sentir cuando se marchó a
realizar su tesis a la Universidad
de Berkeley, en California.
«No me decían claramente lo
que tenía, yo tenía una sensación
muy extraña, los huesos
me ardían por dentro y tenía un
estado de nervios que no me
dejaba ni dormir; pero yo no
dudaba de mi salud mental»,
explica Fina Carpena, que ha
pasado unos días visitando a
su familia. A medida que pasaban
los meses y que trabajaba
en su tesis al ordenador, sus
síntomas empeoraban.
Paralizada
«Tenía la piel de las mejillas
siempre como quemadas por
el sol y se me tensaba la musculatura
hasta el punto de que
se me paralizaron las manos y
tuve que instalar un programa
de reconocimiento de voz para
transcribir la tesis y contratar
a alguien que me diera de
comer», explica al tiempo que
recuerda que los síntomas
empeoraban cada vez que se
postraba frente al ordenador.
«Tenía la sensación de tener
fiebre, pero el termómetro me
lo negaba», dice.
Los médicos estadounidenses
continuaban apostando
por un diagnóstico de depresión,
«pero yo sabía que no
lo era, era un inmenso dolor
físico y mental, acompañado
de mucha frustración». A pesar
de su precario estado de salud,
Fina pidió una beca postdoctoral
europea para continuar sus
estudios en Cork, Irlanda.
Al poco tiempo de mudarse
a este país —mucho menos
poblado y sin tanta contaminación
electromagnética— su
salud empezó a mejorar, y la
medicina alternativa contribuyó a dar sus frutos
«aunque
seguía teniendo la sensación
de no tener clara la cabeza y
problemas para dormir».
En EEUU, peor
Hace un año, su carrera profesional
la llevó a mudarse de
nuevo a los Estados Unidos,
para impartir clases de antropología
en la Universidad de
Oregón. «Al llegar me compré
un teléfono Iphone, y nada
más ponérmelo en la oreja me
ardía la cabeza y los tendones
de todo el cuerpo y comenzó
la irritación nerviosa». Las dificultades
para dormir, el calor
extremo dentro del cuerpo,
el pensamiento y la visión
borrosa y el cansancio extremo
no tardaron en aparecer y llegó
a sentir «shocks eléctricos por
todo el cuerpo». Pero no fue
hasta el día en que instaló un
navegador en el coche cuando
se percató de su problema
con la electricidad. «La electricidad
empezó a rebotar dentro
del coche y la tensión me
paralizó, no podía respirar»,
añade. Su dolor es real y no
es algo psicomático. Encontró
un especialista canadiense, y
se «autodiagnosticó».
Aunque su vida ha tenido
que cambiar radicalmente,
Fina se encuentra un poco
mejor desde que sabe qué
es lo que la enferma. Vive en
una cabaña en el bosque sin
apenas electrodomésticos, a
20 minutos de la universidad
donde trabaja (lo máximo que
aguanta dentro del coche),
y cuenta con un medidor de
frecuencia electromagnética
con el que mide la radiación
de los lugares a los que llega.
Trabaja con un ordenador cuya
pantalla proyecta en la pared
para alejarse lo más posible,
el dentista le ha quitado las
amalgamas y pide a sus alumnos
que apaguen los teléfonos
y los ordenadores portátiles al
entrar en clase. Además, ha
forrado algunos gorros con
hilos de cobre y plata para aislar
su cabeza de las radiaciones
cuando va a algún lugar.
Testimonio
de Fina Carpena-Méndez (II):
Fuente:
Diario de Sabadell. 07-10-2010.
Electrosensibilidad
Me
gustaría completar el artículo
“Alérgica al
“progreso” (D.S. 15-09-10). La primera es que la
mal
llamada “sensibilidad” a los campos
electromagnéticos es una lesión del sistema
nervioso,
hormonal e inmunitario causada por la exposición
involuntaria a
radiación electromagnética en el ambiente
(calles,
lugares de trabajo, casas, escuelas…). Estas fuentes de
radiación que han penetrado los espacios y las vidas
cotidianas
trastornan e interrumpen a nivel eléctrico procesos
celulares en
todo el organismo, y está ocurriendo en distintos grados en
todas las personas y no sólo en los que sufren sensibilidad
eléctrica. La producción de melatonina y la
actividad
eléctrica cerebral está siendo alterada, en
distintos
grados, en todas las personas porque ya quedan pocos lugares que no se
vean sometidos a campos electromagnéticos no-naturales, o
generados por humanos (o sea, a señales de
modulación de
pulso simple) en un mundo de globalización digital.
Los electrosensibles se ven forzados a encontrar refugio en las
llamadas “zonas blancas” o en los lugares donde la
industria de la energía y las telecomunicaciones no tiene
todavia interés. Hay pocos hospitales (uno en Toronto es la
excepción) en los que los electrosensibles puedan encontrar
alivio porque los mismos hospitales son generalmente
“edificios
enfermos” por electricidad sucia, con ordenadores, pantallas,
aparatos eléctricos, aire acondicionado, fluorescentes,
etc… La imposición irresponsable del Ministerio
de
Educacion -siguiendo los intereses de la industria- de una
educación mediada por la tecnología digital
(ordenadores
portátiles y libros digitales) en las escuelas, va a hacer
que
todos y cada uno de los cuerpos de los niños sean
traspasados
durante muchas horas al día por campos
electromagnéticos
no naturales.
Esas horas se sumaran a las muchas más que ya pasan delante
del
televisor, en los videojuegos, al teléfono móvil,
y a las
demás que pasaran con los portátiles en sus casas
haciendo los deberes. ¿Qué sabemos del efecto a
largo
plazo del sometimiento de los niños a estos campos,
día
tras día, muchas horas? ¿Qué medidas
se van a
tomar en las escuelas para filtrar la electricidad sucia que los cables
y portátiles generen en las aulas? ¿Se va a
informar a
los padres y maestros de los niveles de radiación
electromagnética de los portátiles sobre los que
los
niños escribirán directamente? ¿Se les
va a
garantizar que los portátiles están
eléctricamente
blindados? Pueden el Ministerio de Salud y de Educacion garantizar que
eso es seguro para la salud de los niños?
¿Qué
pasará con los niños y jóvenes que
desarrollen la
llamada “sensiblidad” a los campos
electromagnéticos
y sus cuerpos no los toleren? ¿Tiene algo pensado el
Ministerio
para esos niños? ¿Cuál será
el via-crucis
que sus familias tendrán que recorrer para devolverles la
salud
en un contexto donde la salud pública no reconoce
oficialmente
esa enfermedad ambiental ni la medicina oficial la entiende? Estas son
preguntas que los padres, maestros, y los medios de comunicacion
deberían hacerle al Ministerio de Educacion y al de Sanidad.
Como electrosensitiva, sé de lo que hablo.
Testimonio
de Minerva Palomares:
Fuente:
EuropaPress. 15-02-2011.
Afectada de
electrosensibilidad cuenta su día a día
Declaraciones de una mujer afectada de
electrosensibilidad quien relata su "angustioso" día a
día y alerta de "los riesgos" de las radiaciones de aparatos
eléctricos y teléfonos móviles y los
campos electromagnéticos.
Testimonio
de Iker Iriondo:
Fuente:
Diario Deia. 15-08-2011.
"No puedo dormir,
me canso... mi vida diaria es un infierno"
Lleva callando muchos años, "sin embargo,
al final tienes que dar el paso de contarlo. Tienes que luchar, si
tienes que contar tus penas, pues ¡qué se le va a
hacer! Pero tenemos derecho a hacer una vida digna y esta cantidad de
ondas eletromagnéticas nos destrozan la vida".
Dígame ¿cómo lo lleva?
Llevo ya siete años con este problema y no puedo
más. Me
he estado diciendo: Ya aguantaré, venga, un poco
más ...,
siempre con un cansancio crónico, con insomnio, con varios
tipos
de síntomas, siempre escapándome de las fuentes
de
emisión. Atajaba los dolores de cabeza con paracetamol y
palante, intentaba descansar al máximo..., pero llega un
momento
en el que el cuerpo no se recupera.
¿Qué
se puede hacer?
Lo que, de momento, nos dicen los médicos de Suecia -el
primer
país que aceptó la electrosensibilidad como causa
de baja
laboral- es que lo único que podemos hacer es apartarnos de
esta
radiación. Eso mirando a Suecia, que está a la
vanguardia
porque es el país donde tienen los mejores especialistas y
donde
los enfermos son atendidos, encuestados, analizados... Alejarnos de la
radiación es la única posibilidad de que el
cuerpo se
recupere un poco.
Pero es imposible esquivar las ondas. Hay redes wifis por todas partes,
la gente va conectada por la calle a algún cacharro.
Por eso nuestra vida diaria es un infierno. Estamos desesperados,
esperamos que alguien nos tenga en cuenta, nos escuche... pero tengo la
sensación de que no lo saben. Sentimos que nuestros derechos
están muy restringidos. De momento, no vemos que se nos
ayude.
¿Cómo
es su día a día?
Ahora en vacaciones no puedo salir, no puedo ir a la playa, a la
mayoría de los montes tampoco, no puedo estar en la calle,
hago
las compras y escapo a todo correr, hago lo que tengo que hacer y me
vuelvo a casa rápido, estoy fuera lo mínimo
posible para
minimizar las consecuencias de esa salida. Estudio los caminos por
donde menos contaminación hay, o que menos problemas me
pueden
causar, y procuro ir por ahí para no cargarme de mucha
radiación. Y eso que soy consciente de que estoy sometido a
ella, a pesar de saber que luego voy a estar muy mal, que no voy a
poder dormir, que mi estado de salud va a empeorar.
Psicológicamente también es muy duro. Y
físicamente te faltan fuerzas, te metes en la cama y parece
que
la cabeza te estalla, con un sonido continuo y ese zumbido es como si
te hiciera temblar todo el cuerpo.
¿Usa el
transporte público?
Viajar en transporte público es muy complicado, procuro
cogerlo
en horas en las que haya pocos viajeros porque los metros, autobuses,
trenes son estructuras metálicas y aunque no haya personas
hablando por el móvil, solo las señales ya son
nocivas.
Como son muy fuertes, si vas en un espacio cerrado, rebotan y no salen
y nos dañan muchísimo. Notas enseguida el mareo,
el dolor
de cabeza... Igual tardas tres días en recuperarte porque
has
tenido que salir un rato. Así que procuro ir solo a sitios
muy
controlados donde sé que hay poca radiación. De
momento,
no encontramos otra salida. Es triste estar en la cama sin poder
levantarte, tener que hacer cosas y no tener fuerzas.
¿Tiene la
sensación de
que su situación puede mejorar? Es que las radiaciones
están teniendo un crecimiento ilimitado.
Esto va a más y va a ser muy perjudicial. Porque los
operadores
de telecomunicaciones no demuestran que es inocuo, sino que
están pidiendo a los científicos y a los
organismos
sanitarios que demuestren que es dañino. No se
está
regulando nada, suben la potencia, suben las frecuencias, meten
señales por satélite... El despliegue de aparatos
se
está haciendo a lo bestia, lo están cubriendo
absolutamente todo. Y pedimos que el despliegue no se haga de esta
manera irracional y que nos den una salida, un sitio sin
radiación. No podemos vivir metidos en casa, con problema
laborales y en un entorno tan nocivo. Que nos dejen una zona sin
antenas para recuperarnos y comprobar si el cuerpo puede regenerarse.
Para
publicar su testimonio de hipersensibilidad
electromagnética puede enviarnos
un correo electrónico a:info@electrosensibilidad.es
[Condiciones:
usted sólo puede copiar, distribuir o
mostrar el contenido si al principio o final de la
copia ofrece enlace directo al texto de la pagina copiada]